10 de septiembre de 2013

No one of us knew that...

¿Sientes cómo caen las gotas? Retumban en el silencio de una bañera medio vacía y hacen eco por el resto del cuarto. Una resbala por mi pierna y cae de nuevo en el agua.
Son las últimas afortunadas de tocar mi piel antes de que me marche. Antes de que todo se vaya por el desagüe. 
Te miro por el espejo, y él guarda el último reflejo que verás de mi. Y ninguno de los dos lo sabe.
Mi último beso... siempre será tuyo, pero los siguientes, ya no te pertenecerán.

No eres tú. Tampoco soy yo. Ni este año, ni esta ciudad. La fortuna inventa nuestra vida y el destino las escribe en su papiro, y bien caprichoso que es, pues si no quiere juntarnos, no lo haremos ni en esta vida ni después. Fueron muchos los intentos y escasas las victorias. No tiene que ser así y no va a ser así, por mucho que de noche solo hable a mi almohada de ti. 

¿Sientes cómo caen las gotas? Soy yo, siempre estaré ahí, siempre cuando te sientes allí, la última vez que resbalaste por mi piel y mi reflejo estuvo cerca de ti.

7 de agosto de 2013

Shadows, again

Como oí en una película hace tiempo, todos compartimos el mismo destino, la muerte, algo macabro pero tristemente cierto.


La visión de la muerte ha cambiado durante nuestra existencia, desde los paleolíticos que a duras penas tendrían conocimiento de causa del porqué sus semejantes dejaban de respirar, pasando por el pensamiento filosófico griego, la creencia en la vida después de la muerte de los grandes egipcios, hasta el día de hoy. Has estudiado todos y cada uno de ellos, te han ofrecido en bandeja de plata sus teorías kantianas, epicúreas... Sin embargo, nadie te ha enseñado como enfrentarse a la muerte real.

Tantas clases lógicas al fin y al acabo, solo sirven de ayuda para que divagues en tu mente sobria, lo que divagarias estando hasta los huesos de marihuana o éxtasis. A ninguno de nosotros nos han enseñado cómo plantarle cara a nuestro destino en común, cuando viene a quitarte antes de tiempo aquellos que más falta te hacen. Me hubiese hecho más bien una clase psicológica, que cualquier matemática. No nos preparan para el mundo de hoy, que gira tan deprisa que hasta no tienes tiempo de atragantarte y ya te viene el cuarto bocado.
- Chicos, un día de estos, alguien de vuestro entorno morirá, es inevitable, pero superable. Hablemos de ello.
Pero es utópico. Nadie te daría una clase así, la muerte, el sexo, las drogas, los sobornos, la mentira... son temas tabú que todos esquivan "diplomaticamente" dándonos gilipolleces en formas de suficientes y sobresalientes.
A veces me preguntan si estoy loca o tengo una vida de mierda por hablar y escribir tanto acerca de la muerte. Nada de eso. La simple razón es porque nadie habla de ello. Lo pintan tan bonito, amor, felicidad, amistad, ropa, comida, que a veces nos olvidamos de la fugacidad de todo esto. Bill Gates dijo, "dejemos de vivir como si fuésemos a vivir 500 años". La ambigüedad de la frase se puede tornar en cualquier dirección que desees,medio ambiente, vida, muerte, pero el mensaje es el mismo.
Que tire la primera piedra aquel que jamás se haya acojonado con la idea de no volver a existir jamás. Leyendo por blogs he visto a gente que realmente esta idea les aterra y no pueden casi vivir con normalidad. Y si hubiesen tenido a alguien que simplemente les explicase que, cuando te mueras, ya no serás consciente de la muerte, del vacío, porque no sentirás nada, y atormentarse con la idea no lleva a ningún lado, probablemente, esto no pasaría.
Solo una cosa es importante, lidiar con el momento inevitable mientras construyes tu tragicomedia de 90 años, en los mejores casos.

4 de marzo de 2013

Hell fires

Despertarte horrorizada con la idea de que aun sigues enganchada a él como una droga, aunque sea mentalmente. Tratar de todas las maneras de sustituir algo insustituible.

Pero peor es la idea de saber que nunca volverás a ello. Porque no puedes, porque no quieres, porque duele demasiado y ya han sido excesivos los intentos.

Pero de todo, de todo, la peor idea es saber que quieres el que hubo, no el que es ahora.

Y no hay manera de remedio de este sentimiento bipolar, que te consume desde que te levantas y por la noche no deja conciliarte el sueño.

Porque no hay remedio posible. Mientras haya el mínimo recuerdo, no hay salvación.

20 de diciembre de 2012

Vitalichka.

La balanza de la mujer de la justicia hace mucho que se rompió. 
Dios hace tiempo que dejó de creer en si mismo.

Gira todo entorno a sí, gira rápido y solo quieres dar un grito para que rebaje la velocidad.

Absolutamente todo queda en un tono absurdo y patético cuando no puedes llamar y quedar para hablar con aquel que quieres. Te rodeas de objetos inanimados que a tu lado están pero te aportan cero y lo único que deseas es pasar, aunque sea, un minuto con esa persona. 

Mi vida es tuya, mis objetos, mi dinero, mi voluntad, mi ser. Hago el pacto con el diablo mismo, pero dejadme estar con él. No me quitéis lo único sagrado que me queda. Mi mitad. 

Es querer cuando lo único que importa es saber que está bien, por encima de todo, por encima de tu estúpida existencia egoísta. 

Mi vida, por su libertad. Quien lo quiera que la coja.


25 de octubre de 2012

Lost youth

Veo la música salir de madrugada y los jóvenes beberse la vitalidad. 
Las noches se hacen interminables, nos quedamos admirando las puestas y salidas de sol. Somos la fuerza, la luz, las ganas, la ambición, el deseo.
Nuestro haz aun está naciendo, vemos de lejos venir los surcos. Vemos de lejos aquellos años que están cercanos al fin. Lejos.
Sentimos la juventud infinita.

Pero¿que pasaría si te la quitan? Imagina que tu día está fichado, sentenciado, irrevocable. La idea de la pena de muerte, es estremecedora. Saber el día , la hora lugar exactos donde tú, dejarás de ser tú.
No será verdad, pero si lo piensas por un segundo, creeme, entenderás muchas cosas. Planteate hacer una última llamada, la última de tu vida. La última cena, las ultimas palabras, ver por última vez las caras de tus familiares. Es inquietante, pero a la vez muy revelador y necesario, sobre todo cuando no sabes qué hacer, ni cómo seguir y estas desconcertado y le ves inutilidad a todo. Aprovecha este sentimiento para sacarle todo el jugo a la juventud que tienes ahora, mientras que nadie pueda arrebatartela. 

Es algo poderoso.

 Esta juventud, de acciones indelebles, creativas. De vivencias utópicas. No sabíamos lo que teníamos hasta que se esfumó, como un parpadeo. Diremos.

24 de octubre de 2012

A love story She wrote


La culpa fue mía por encontrarte queriendo. Me enamoré sin quererlo. 
Supimos desde el principio que era una historia caduca con su final más próximo que la distancia al cielo. 
Seguimos engañando lo evidente y enmascarando la realidad con preciosas palabras y besos furtivos en la playa.
Me creí unos te quiero que jamás debieron existir.
Fue insano y una estupidez, pero en el amor no hay leyes ni reglas. 
Ahora el dolor es indudable y constante en cada minuto que pasa, reflejado en la evidencia de una sonrisa en las fotos a lo largo de estos años. Una sonrisa falsa, ficticia, irreal como el amor que construimos a base de mentiras y escapadas. 

Ya ni me quedan más lágrimas que derramar sobre la almohada cada noche. Condenada mente, que me envía los ratos agradables como una bala fugaz, que pasa rápido pero deja tras si una estela de colapso emocional.

Cuanto tiempo seguirá asi, no lo se. Duele, pero no es eterno, solo pasajero hasta que cicatrice del todo. Dale tiempo. Sonríe un poco más aunque sea falsamente.

15 de octubre de 2012

Destiny


Un pañuelo. Fue un pañuelo.

Puedo recordar que era un día de los que me gustaban. Cielo azul oscuro preparado para una tormenta colosal, el asfalto mojado y el viento escaso pero frío. 
Escuchando mi música favorita para este tipo de días , iba andando con mi gorro y bufanda hasta el cuello, en una mano, el móvil y en la otra un capuccino. El camino del parque parecía una alfombra amarilla, en los bancos era imposible sentarse, todos mojados. Para ser un domingo estaban tranquilas las calles.
Caminaba tan concentrada en esas hojas amarillas que ni repare en que había llegado al final del parque. Encontré un pequeño banco resguardado bajo un enorme castaño que apenas estaba mojado, me senté y vi en frente los ojos verdes más increíbles que jamás se me cruzaron. Tenía su pelo castaño revoltoso enredado en sus manos mientras lo apartaba hacia atrás. Fue cuando levantó la cabeza que pude verle. Tenia un vaso de café posado en el banco y mientras, leía un ejemplar de lo que me pareció ver historias de post guerra. Intenté hacer como que escribía con el móvil para no quedarme contemplándole con mi tonto estupor, pero cada minuto volvía la vista para poder mirarle.
 Sus manos eran perfectas, tan masculinas y bien cuidadas, un poco de barba como me gustaba, unos rasgos a lo garçon francés tipo Olivier. Nunca me había quedado tan embobada mirando a un hombre. De pronto sonrió mientras leía algo, y fue la sonrisa más perfecta que alguien, aun indirectamente, me haya brindado. En su bandolera, las iniciales de mi grupo favorito.  
Mientras imaginaba como sería ese chico extraño pero platónico, en su vida cotidiana , un niño que pasaba con la bicicleta, se cayó. Me levanté inmediatamente a ayudarle olvidándome del extraño sentado en el banco de enfrente. Al niño le sangraba la rodilla, miré en mi bolso pero no encontré ningún pañuelo, me giré para ver si había alguien cerca para pedírselo, y en cuanto alzo la vista, veo acercándose a ojos verdes con un pañuelo en la mano. Se lo coloca al niño en la rodilla y con una sonrisa me levanta la mirada y dice;

-A un parque hay que venir siempre preparada eh?.
Y todo esto mientras me guiñaba un ojo. 


Enrojecí desde la punta de mis pies hasta la punta de mis pelos, no conseguí articular palabra, ni un esbozo de sonrisa, absolutamente nada. Petrificada como una estatua me quedé allí hasta que llegó corriendo la madre del niño y mientras nos daba las gracias, cogí mi bolso y me largué de ahí tan rápido como pude. En aquel pequeño banco se quedó mi pobre capuccino helándose de frío y mi móvil.



El día empezó tormentoso en todos los sentidos. El viento y la lluvia golpeaban fuerte los cristales y mi novia golpeaba fuerte las puertas. No entendía que odiaba salir con los "finolis" de sus amigos, que me repateaban las entrañas cada vez que les oía hablar de Gant y Ralph Lauren como si fuesen sus dioses. Amainó la lluvia y mientras ella se duchaba, me vestí, cogí el último ejemplar que había salido de Evgeniy Zhinoev sobre la post guerra y me dirigí al parque.

Todos los bancos estaban mojados, menos uno al resguardo de un árbol, pero se había sentado una pareja asi que me acomodé en el de enfrente no sin antes ponerle un periódico debajo. Bebí un poco del café que compré y me puse a leer, para olvidar la voz chillona de la mujer que había dejado en casa. 


Después de dos capítulos, alcé la vista y vi que la pareja sentada enfrente ya no estaba, giré la cabeza y... la vi. La vi andando con la cabeza agachada. Iba mirando las hojas amarillas pisadas, levantó la vista y vio que había llegado casi al final del parque, divisó el banco enfrente de mi y se sentó. Tenía un encanto que en pocas chicas de por aquí puedes encontrar. Tan bonita con ese gorro que tapaba una preciosa melena dorada. Sus ojos enormes y castaños expresaban ya solos sin necesidad de ninguna sonrisa....y su sonrisa, que sonrisa, perfecta. Tan delicada, tan diminuta. Aun sin estar cerca de ella sentía su calor, esa positividad, solo con mirarla sonríes por la bella vista que te da. Miraba al libro haciendo que leía y no podía dejar de mirarla de reojo y sonreír. De repente, vi cómo enfrente de nosotros se caía un niño de la bicicleta , ella se levantó rauda para ayudarle. Qué ternura reflejaba . Advertí que buscaba un pañuelo, aproveché el momento y me levanté a darle uno que tenía por casualidad. 


Lo más "inteligente" que se me ocurrió para decirle y que se rompiera el hielo sin una forma brusca fue;


-A un parque hay que venir siempre preparada eh?.


Esperaba cualquier leve risa en su cara, pero bajó la cabeza y nada más vino la madre del niño agradeciéndonos haberle ayudado se fue corriendo. Yo me levanté y quise ir detrás de ella, cuando me fijé que se había dejado el móvil en el banco. Me acerqué, lo recogí y me fui caminando a casa, con la mente en las nubes.


Al llegar tuve la suerte de no encontrarla. Ni a ella ni ninguna de sus cosas. En una nota, escrita a mano decía; "Ya no te aguanto más. Llevo un mes pegandotela con Matt y eres tan estúpido que ni te has dado cuenta. Que te vaya todo bien, imbécil"

La verdad es que sí lo sabía. Pero hacía tres meses que había dejado de importarme, y la única razón por la que no la dejaba era porque así tenía a alguien para desahogarme sentimentalmente, cuando mi cuerpo lo requería. Suena muy machista y de típico cabrón, pero yo nunca la amé.
Me senté en el sofá con su móvil en la mano. Suerte que era un modelo antiguo y no tenía bloqueo. Me quedé un rato mirándolo sin saber si mirar dentro. Un poco solo. Fotos de animales, libros, naturaleza, arte... oh! por fin una foto suya. Estaba sonriendo, con una amiga, mirándome directamente con esos ojos. El rostro más perfecto y angelical que haya visto. Me tenía, sin duda, aquella chica desconocida del parque, me tenía. Empezó a sonar Talk Show Host, una de mis preferidas . La llamaban, el número de su casa. Lo cogí;

- ¿Diga?- Respondo yo

- ¿Como que diga?¿ Es mi telefóno y me respondes diga? Tú, seas quién seas más te vale...
Me hizo bastante gracia su reacción y empecé a reírme interrumpiéndola.

-Tranquila fierecilla, solo lo recogí como señuelo para así poder volver a verte. Además, no me engañas, vi el buen corazón que tenías al ayudar a ese niño.


Creo que fueron unos diez segundos, que a mi me parecieron diez minutos. Solo oía su respiración muy entrecortada y entre titubeos me contestó :


-Tú... ¿tú eres el chico del parque?

-Espero que recuerdes como soy cuando tenga que devolverte el móvil. A las siente  en el  Platza, el que hace esquina con la 55. No llegues tarde ¿eh?- Colgué el teléfono.

Tenía que conocerla. Hoy. Ya.





Llegué a casa aun con la mente en el parque. Me maldije durante todo el camino por ser tan mema. Me había hablado, quería romper el hielo, y yo como tonta me fui corriendo, debí parecerle una niñata inmadura. Lo que faltaba, el bendito móvil.

Llamé a mi número de teléfono desde el fijo de mi casa. No me lo puedo creer, primero la escapada a lo Novia a la fuga, ahora pierdo el móvil, con todas mis fotos, conversaciones, un día espléndido. 
Tardan en cogerlo y me pongo mas nerviosa de lo que ya estoy. Genial, una voz de chico, encima me dice "diga" como si el móvil fuese suyo. Con toda mi rabia acumulada le grito :

- ¿Como que diga? ¿Es mi teléfono y me respondes diga? Tú, seas quién seas más te vale..
Me interrumpe por que oigo cómo se está riendo. ¿Este chico está bien de la cabeza?

-Tranquila fierecilla, solo lo recogí como señuelo para así poder volver a verte. Además, no me engañas, vi el buen corazón que tenías al ayudar a ese niño.

El corazón se me paró, la sangre me subió a la cabeza, empecé a ver doble, no, triple, mi cabeza estaba a punto de estallar, respiraba como después de una maratón de cuarenta y cinco minutos. Esto era algo imposible. Ojos verdes. Esta vez no se como me salieron las palabras:

-... ¿tú eres el chico del parque?
-Espero que recuerdes como soy cuando tenga que devolverte el móvil. A las siente  en el  Platza, el que hace esquina con la 55. No llegues tarde ¿eh?-

Me quedé con el teléfono en la mano escuchando el pitido durante... ¿media hora, una hora quizás? No lo se, pero lo que me espabiló fue la colleja de mi hermana. Me dijo algo, cogió el teléfono y se fue. Me da todo igual, que se pare el mundo, que haya un cataclismo... No, espera, el cataclismo ya después de conocerle. Recordarle, dice. 
Me dice que espera que lo recuerde cómo era cuando lo único que veo delante de mí, mire por donde mire, es su cara.

6pm. ¿Una hora? ¡No me da tiempo ni de arreglarme!. Me maquillé como pude, me vestí lo primero que cogí en el armario y me precipité a toda leche a coger un autobús que me llevase a aquel encuentro. No sabía cómo recibirle, ignoraba ni de qué hablarle. Miedo a parecerle idiota... ¿idiota? Claro, salir corriendo después de que una persona te hable es totalmente de alguien inteligente. Céntrate y no digas bobadas, cuenta hasta cinco antes de soltar lo primero que se te pase por la cabeza, no le impresiones, es solo.... él. Preguntas tras preguntas, cómo se llamaría, qué edad tendría, viviría solo, si le gustaría el sushi. Pero qué estoy haciendo. Era la parada. Tardaría diez minutos en llegar al café y me quedaban once para las siete. No voy a llegar pronto, al menos a las 7.03.

Cuatro pasos contados y llegaría a la esquina. Mis piernas flaqueaban, tenía la boca reseca, ardía en calores pero llegué. Giré la esquina. Apoyado en la pared, por lo menos me sacaba una cabeza, volvía a entrelazar sus dedos en su cabello castaño y echárselo para atrás. Giró la cabeza, me sonrió y anduvo hacía mi con mi móvil en la mano. ¿Mi móvil? ¡Ah! ya me acuerdo, lo olvidé . Le brindé la sonrisa que no le di en el parque, con su voz grave y su boca perfecta me dijo;

- Que sepas que nunca llevo pañuelos conmigo, hoy lo cogí porque presentí que lo necesitaría.




Así empieza mi historia, por un pañuelo. Un misero, simple e insignificante pañuelo.

31 de agosto de 2012

seven million ways to live

No voy a decir que esto sea lo más fácil del mundo. No voy a mentir que nunca he llorado, que no he mentido solo para, vulgarmente decir, joderle. Esto no es cuestión de salir y buscar, ni de olvidar bebiendo, ni estando con otros, por despecho, solo. Aquí hay que asumir, llorar por las noches sola con tu almohada, odiándote por querer algo que todo tu corazón roto, repele con asco...  mas sobre todo, esto va de salir adelante. 
La resignación es la mejor medicina, te la tragas con el orgullo que te queda después de tantas decepciones y oportunidades. Aquí es cuestión de abrir los ojos y ver lo que eres, lo que tenias, lo que te hacía parecer que te merecías y lo que realmente te mereces. 
Cada uno lo asume a su manera, porque hay siete millones de maneras de asumirlo, de vivir con ello. Hay siete millones de maneras de hacer que duela. Lo peor de todo es que no es un dolor físico y no hay manera de lidiar con el. El tiempo pasa y el tiempo lo olvida, lo cura, reestablece las partes dañadas con otras personas que entran a formar parte de tu vida.

Si, hiciste mella, pero no la suficiente como para que me lo tome tan a pecho. Tranquilo, simplemente es la nocturnidad que nos vuele a todas melancólicas. Es solo un grito del alma en mitad de la noche, por la mañana habrá sanado y ni me acordare de tu nombre... cabe decir que lo voy olvidando. No, al fin y al acabo no hiciste la mella suficiente,perdona, no quisiste, que es diferente. Claro que las palabras hieren como puñales, pero es lo único que tenemos para hacernos daño, y para eso sabemos que tenemos la tirita del olvido y la indiferencia, y los rasguños desaparecen en segundos. No me importa, porque cada vez duele menos, y me río más, por ser tonta e ingenua. Una pequeña niña a la que embaucan con palabras bonitas y se cree el mundo si le dice que suyo es.

Pero es solo una zancadilla, y por nosotras, por todas las tontas que nos lo creímos todo, nos levantaremos, volveremos a calzarnos los rascacielos de la medianoche, nuestra sonrisa volverá a ser de carmín apasionado y andaremos con paso firme por el asfalto diurno abriéndonos camino entre el pasado y todo lo que a el se refiera. Porque tenemos millones de maneras de superarlo, porque nuestra sonrisa un día es lo que os mantuvo despierto y más sueños que seguiremos robando. Porque nosotras somos el mundo y ellos lo saben. Porque sin nosotras, estaríais perdidos. Por mi, por ti, por ella... hay siete millones de maneras de vivir, de lidiar con el dolor y ser feliz, solo encuentra la tuya.

12 de agosto de 2012

All

Pequeña mia, toma mi consejo, jamas te enamores; que no te llenen la cabeza de principes azules ni finales felices, que el amor, pequeña mia, es una droga que te va consumiendo poco a poco mientras nadas entre su mundo irreal de felicidad.