15 de octubre de 2012

Destiny


Un pañuelo. Fue un pañuelo.

Puedo recordar que era un día de los que me gustaban. Cielo azul oscuro preparado para una tormenta colosal, el asfalto mojado y el viento escaso pero frío. 
Escuchando mi música favorita para este tipo de días , iba andando con mi gorro y bufanda hasta el cuello, en una mano, el móvil y en la otra un capuccino. El camino del parque parecía una alfombra amarilla, en los bancos era imposible sentarse, todos mojados. Para ser un domingo estaban tranquilas las calles.
Caminaba tan concentrada en esas hojas amarillas que ni repare en que había llegado al final del parque. Encontré un pequeño banco resguardado bajo un enorme castaño que apenas estaba mojado, me senté y vi en frente los ojos verdes más increíbles que jamás se me cruzaron. Tenía su pelo castaño revoltoso enredado en sus manos mientras lo apartaba hacia atrás. Fue cuando levantó la cabeza que pude verle. Tenia un vaso de café posado en el banco y mientras, leía un ejemplar de lo que me pareció ver historias de post guerra. Intenté hacer como que escribía con el móvil para no quedarme contemplándole con mi tonto estupor, pero cada minuto volvía la vista para poder mirarle.
 Sus manos eran perfectas, tan masculinas y bien cuidadas, un poco de barba como me gustaba, unos rasgos a lo garçon francés tipo Olivier. Nunca me había quedado tan embobada mirando a un hombre. De pronto sonrió mientras leía algo, y fue la sonrisa más perfecta que alguien, aun indirectamente, me haya brindado. En su bandolera, las iniciales de mi grupo favorito.  
Mientras imaginaba como sería ese chico extraño pero platónico, en su vida cotidiana , un niño que pasaba con la bicicleta, se cayó. Me levanté inmediatamente a ayudarle olvidándome del extraño sentado en el banco de enfrente. Al niño le sangraba la rodilla, miré en mi bolso pero no encontré ningún pañuelo, me giré para ver si había alguien cerca para pedírselo, y en cuanto alzo la vista, veo acercándose a ojos verdes con un pañuelo en la mano. Se lo coloca al niño en la rodilla y con una sonrisa me levanta la mirada y dice;

-A un parque hay que venir siempre preparada eh?.
Y todo esto mientras me guiñaba un ojo. 


Enrojecí desde la punta de mis pies hasta la punta de mis pelos, no conseguí articular palabra, ni un esbozo de sonrisa, absolutamente nada. Petrificada como una estatua me quedé allí hasta que llegó corriendo la madre del niño y mientras nos daba las gracias, cogí mi bolso y me largué de ahí tan rápido como pude. En aquel pequeño banco se quedó mi pobre capuccino helándose de frío y mi móvil.



El día empezó tormentoso en todos los sentidos. El viento y la lluvia golpeaban fuerte los cristales y mi novia golpeaba fuerte las puertas. No entendía que odiaba salir con los "finolis" de sus amigos, que me repateaban las entrañas cada vez que les oía hablar de Gant y Ralph Lauren como si fuesen sus dioses. Amainó la lluvia y mientras ella se duchaba, me vestí, cogí el último ejemplar que había salido de Evgeniy Zhinoev sobre la post guerra y me dirigí al parque.

Todos los bancos estaban mojados, menos uno al resguardo de un árbol, pero se había sentado una pareja asi que me acomodé en el de enfrente no sin antes ponerle un periódico debajo. Bebí un poco del café que compré y me puse a leer, para olvidar la voz chillona de la mujer que había dejado en casa. 


Después de dos capítulos, alcé la vista y vi que la pareja sentada enfrente ya no estaba, giré la cabeza y... la vi. La vi andando con la cabeza agachada. Iba mirando las hojas amarillas pisadas, levantó la vista y vio que había llegado casi al final del parque, divisó el banco enfrente de mi y se sentó. Tenía un encanto que en pocas chicas de por aquí puedes encontrar. Tan bonita con ese gorro que tapaba una preciosa melena dorada. Sus ojos enormes y castaños expresaban ya solos sin necesidad de ninguna sonrisa....y su sonrisa, que sonrisa, perfecta. Tan delicada, tan diminuta. Aun sin estar cerca de ella sentía su calor, esa positividad, solo con mirarla sonríes por la bella vista que te da. Miraba al libro haciendo que leía y no podía dejar de mirarla de reojo y sonreír. De repente, vi cómo enfrente de nosotros se caía un niño de la bicicleta , ella se levantó rauda para ayudarle. Qué ternura reflejaba . Advertí que buscaba un pañuelo, aproveché el momento y me levanté a darle uno que tenía por casualidad. 


Lo más "inteligente" que se me ocurrió para decirle y que se rompiera el hielo sin una forma brusca fue;


-A un parque hay que venir siempre preparada eh?.


Esperaba cualquier leve risa en su cara, pero bajó la cabeza y nada más vino la madre del niño agradeciéndonos haberle ayudado se fue corriendo. Yo me levanté y quise ir detrás de ella, cuando me fijé que se había dejado el móvil en el banco. Me acerqué, lo recogí y me fui caminando a casa, con la mente en las nubes.


Al llegar tuve la suerte de no encontrarla. Ni a ella ni ninguna de sus cosas. En una nota, escrita a mano decía; "Ya no te aguanto más. Llevo un mes pegandotela con Matt y eres tan estúpido que ni te has dado cuenta. Que te vaya todo bien, imbécil"

La verdad es que sí lo sabía. Pero hacía tres meses que había dejado de importarme, y la única razón por la que no la dejaba era porque así tenía a alguien para desahogarme sentimentalmente, cuando mi cuerpo lo requería. Suena muy machista y de típico cabrón, pero yo nunca la amé.
Me senté en el sofá con su móvil en la mano. Suerte que era un modelo antiguo y no tenía bloqueo. Me quedé un rato mirándolo sin saber si mirar dentro. Un poco solo. Fotos de animales, libros, naturaleza, arte... oh! por fin una foto suya. Estaba sonriendo, con una amiga, mirándome directamente con esos ojos. El rostro más perfecto y angelical que haya visto. Me tenía, sin duda, aquella chica desconocida del parque, me tenía. Empezó a sonar Talk Show Host, una de mis preferidas . La llamaban, el número de su casa. Lo cogí;

- ¿Diga?- Respondo yo

- ¿Como que diga?¿ Es mi telefóno y me respondes diga? Tú, seas quién seas más te vale...
Me hizo bastante gracia su reacción y empecé a reírme interrumpiéndola.

-Tranquila fierecilla, solo lo recogí como señuelo para así poder volver a verte. Además, no me engañas, vi el buen corazón que tenías al ayudar a ese niño.


Creo que fueron unos diez segundos, que a mi me parecieron diez minutos. Solo oía su respiración muy entrecortada y entre titubeos me contestó :


-Tú... ¿tú eres el chico del parque?

-Espero que recuerdes como soy cuando tenga que devolverte el móvil. A las siente  en el  Platza, el que hace esquina con la 55. No llegues tarde ¿eh?- Colgué el teléfono.

Tenía que conocerla. Hoy. Ya.





Llegué a casa aun con la mente en el parque. Me maldije durante todo el camino por ser tan mema. Me había hablado, quería romper el hielo, y yo como tonta me fui corriendo, debí parecerle una niñata inmadura. Lo que faltaba, el bendito móvil.

Llamé a mi número de teléfono desde el fijo de mi casa. No me lo puedo creer, primero la escapada a lo Novia a la fuga, ahora pierdo el móvil, con todas mis fotos, conversaciones, un día espléndido. 
Tardan en cogerlo y me pongo mas nerviosa de lo que ya estoy. Genial, una voz de chico, encima me dice "diga" como si el móvil fuese suyo. Con toda mi rabia acumulada le grito :

- ¿Como que diga? ¿Es mi teléfono y me respondes diga? Tú, seas quién seas más te vale..
Me interrumpe por que oigo cómo se está riendo. ¿Este chico está bien de la cabeza?

-Tranquila fierecilla, solo lo recogí como señuelo para así poder volver a verte. Además, no me engañas, vi el buen corazón que tenías al ayudar a ese niño.

El corazón se me paró, la sangre me subió a la cabeza, empecé a ver doble, no, triple, mi cabeza estaba a punto de estallar, respiraba como después de una maratón de cuarenta y cinco minutos. Esto era algo imposible. Ojos verdes. Esta vez no se como me salieron las palabras:

-... ¿tú eres el chico del parque?
-Espero que recuerdes como soy cuando tenga que devolverte el móvil. A las siente  en el  Platza, el que hace esquina con la 55. No llegues tarde ¿eh?-

Me quedé con el teléfono en la mano escuchando el pitido durante... ¿media hora, una hora quizás? No lo se, pero lo que me espabiló fue la colleja de mi hermana. Me dijo algo, cogió el teléfono y se fue. Me da todo igual, que se pare el mundo, que haya un cataclismo... No, espera, el cataclismo ya después de conocerle. Recordarle, dice. 
Me dice que espera que lo recuerde cómo era cuando lo único que veo delante de mí, mire por donde mire, es su cara.

6pm. ¿Una hora? ¡No me da tiempo ni de arreglarme!. Me maquillé como pude, me vestí lo primero que cogí en el armario y me precipité a toda leche a coger un autobús que me llevase a aquel encuentro. No sabía cómo recibirle, ignoraba ni de qué hablarle. Miedo a parecerle idiota... ¿idiota? Claro, salir corriendo después de que una persona te hable es totalmente de alguien inteligente. Céntrate y no digas bobadas, cuenta hasta cinco antes de soltar lo primero que se te pase por la cabeza, no le impresiones, es solo.... él. Preguntas tras preguntas, cómo se llamaría, qué edad tendría, viviría solo, si le gustaría el sushi. Pero qué estoy haciendo. Era la parada. Tardaría diez minutos en llegar al café y me quedaban once para las siete. No voy a llegar pronto, al menos a las 7.03.

Cuatro pasos contados y llegaría a la esquina. Mis piernas flaqueaban, tenía la boca reseca, ardía en calores pero llegué. Giré la esquina. Apoyado en la pared, por lo menos me sacaba una cabeza, volvía a entrelazar sus dedos en su cabello castaño y echárselo para atrás. Giró la cabeza, me sonrió y anduvo hacía mi con mi móvil en la mano. ¿Mi móvil? ¡Ah! ya me acuerdo, lo olvidé . Le brindé la sonrisa que no le di en el parque, con su voz grave y su boca perfecta me dijo;

- Que sepas que nunca llevo pañuelos conmigo, hoy lo cogí porque presentí que lo necesitaría.




Así empieza mi historia, por un pañuelo. Un misero, simple e insignificante pañuelo.

31 de agosto de 2012

seven million ways to live

No voy a decir que esto sea lo más fácil del mundo. No voy a mentir que nunca he llorado, que no he mentido solo para, vulgarmente decir, joderle. Esto no es cuestión de salir y buscar, ni de olvidar bebiendo, ni estando con otros, por despecho, solo. Aquí hay que asumir, llorar por las noches sola con tu almohada, odiándote por querer algo que todo tu corazón roto, repele con asco...  mas sobre todo, esto va de salir adelante. 
La resignación es la mejor medicina, te la tragas con el orgullo que te queda después de tantas decepciones y oportunidades. Aquí es cuestión de abrir los ojos y ver lo que eres, lo que tenias, lo que te hacía parecer que te merecías y lo que realmente te mereces. 
Cada uno lo asume a su manera, porque hay siete millones de maneras de asumirlo, de vivir con ello. Hay siete millones de maneras de hacer que duela. Lo peor de todo es que no es un dolor físico y no hay manera de lidiar con el. El tiempo pasa y el tiempo lo olvida, lo cura, reestablece las partes dañadas con otras personas que entran a formar parte de tu vida.

Si, hiciste mella, pero no la suficiente como para que me lo tome tan a pecho. Tranquilo, simplemente es la nocturnidad que nos vuele a todas melancólicas. Es solo un grito del alma en mitad de la noche, por la mañana habrá sanado y ni me acordare de tu nombre... cabe decir que lo voy olvidando. No, al fin y al acabo no hiciste la mella suficiente,perdona, no quisiste, que es diferente. Claro que las palabras hieren como puñales, pero es lo único que tenemos para hacernos daño, y para eso sabemos que tenemos la tirita del olvido y la indiferencia, y los rasguños desaparecen en segundos. No me importa, porque cada vez duele menos, y me río más, por ser tonta e ingenua. Una pequeña niña a la que embaucan con palabras bonitas y se cree el mundo si le dice que suyo es.

Pero es solo una zancadilla, y por nosotras, por todas las tontas que nos lo creímos todo, nos levantaremos, volveremos a calzarnos los rascacielos de la medianoche, nuestra sonrisa volverá a ser de carmín apasionado y andaremos con paso firme por el asfalto diurno abriéndonos camino entre el pasado y todo lo que a el se refiera. Porque tenemos millones de maneras de superarlo, porque nuestra sonrisa un día es lo que os mantuvo despierto y más sueños que seguiremos robando. Porque nosotras somos el mundo y ellos lo saben. Porque sin nosotras, estaríais perdidos. Por mi, por ti, por ella... hay siete millones de maneras de vivir, de lidiar con el dolor y ser feliz, solo encuentra la tuya.

12 de agosto de 2012

All

Pequeña mia, toma mi consejo, jamas te enamores; que no te llenen la cabeza de principes azules ni finales felices, que el amor, pequeña mia, es una droga que te va consumiendo poco a poco mientras nadas entre su mundo irreal de felicidad.

26 de abril de 2012

Overnight

Hoy voy a trasnochar. Tengo invitados durante toda la noche. En la terraza tengo a 1992, que con un gélido recuerdo fotográfico me recuerda mi nacimiento. Son las 12.
En la cocina tengo a 1999 que charla junto al 2000 y se cuentan el viaje en el avión por el que vieron a media Europa desnuda desde una ventana . Pasadas la 1am.
En el salón están sentados 2002 con un pequeño recuerdo en brazos, y bailando andan, desde el 2003 hasta el 2012 , imparables. Se acercan las 3am.
A mi lado están sentados mis recuerdos, mis metas, esperanzas, ilusiones y juntos andamos recordando con cierta sonrisa irónica como no llegaron a donde tenían que llegar.
Llamando a la puerta están los reproches y miedos, y no puedo dejarles entrar porque siempre amargan las fiestas. Pero ahí siguen, y no puedo mas que apartarles al fondo de mi mente. 
Una voz me llama de mi cubículo. Las 5 van pasando. Entro con paso vacilante y aquello se transforma en un jardín incandescente de flúor fucsia y verde entre niebla con olor a cereza. Aquello sería mi divina utopía de los ochenta. 
Se acercan las 6. Las actrices están flotado por el techo, deslizándose con parsimonia por las paredes doradas hasta el suelo de mármol. Pienso que son imaginaciones mías, pero no fue así cuando comprobé que me cogía de la mano y me llevaba al tiempo donde me imaginaba sobre un escenario, sonriendo con aquella gracia , intentando emular en vivo a las divas y leyendas del cine de la época dorada.
Van entrando pequeños rayos luminosos que se abren paso entre las rendijas de las cortinas, el canto matinal va haciéndose más evidente y la bruma trae lluvia.
Los parpados de unos se van abriendo y los de otros se van cerrando. Cada uno se va yendo a su lugar correspondiente y la mañana parece despejar las inseguridades y el recelo  que trajo consigo la noche.
Si trasnochar, que mejor, que en compañía de todo lo que ha estado siempre a tu lado.

19 de enero de 2012

Time Machine

Hace ya 117 años, Wells escribió sobre un echo inaudito hasta entonces, una máquina que nos pudiese transportar en el tiempo. Por aquel entonces, la gente no tenía ni idea de que, aun siendo ficticiamente, algo así pudiese tener lugar. Entonces, empezaron a soñar. 
A soñar con un mundo mejor donde esa máquina pudiese rectificar todos nuestros errores humanos, que pudiese cambiar muchas cosas que habíamos hecho sin pensar y ahora estábamos pagando por ellas.
Iba pasando el tiempo y la gente se sentía cada vez más atraída por la idea de una máquina del tiempo. En los años 30 soñaban con ella para enmendar los errores financieros y así evitar el crack del '29. En los 50, soñaban con ella para haber evitado las dos Guerras, en los 60, evitar la tensión de aquella interminable Guerra Fría... y así siguieron pasando los años hasta ahora.
Y seguiremos soñando con esa máquina perfecta, que nos lo arregle todo, hasta el fin de nuestros días, porque el ser humano es así, tropieza tres mil veces con la misma piedra, y en vez de aprender de nuestros errores pasados, seguimos cometiéndolos generación tras generación, soñando con esa máquina ficticia, cuando lo que deberíamos hacer es, mirar nuestra historia, ver nuestras guerras, y ver que una tras otra, la situación no cambia, pero nosotros seguimos soñando con la máquina perfecta que nos solucione nuestros desaciertos.


Bien está aprender de nuestros fallos, pero algunos son tan grandes e irrevocables, que mejor que de los nuestros, aprendamos de el de los demás, porque hay errores tan grandes, que cometemos, que por una ridícula decisión equivoca, cambian nuestra vida entera.













¡Ay!, si existiese una máquina del tiempo...



3 de noviembre de 2011

loveless

Olvidar con cada gota un minuto.
Cada trago que va dando es un día menos que recuerda.
No quiere saber donde esta, ni a donde ha ido.
No quiere recordar el pasado
Duele demasiado ver lo que hubo y lo que se ha ido.

Vuelve a ello aun sabiendo que no es sano. Son tan efímeros los momentos de felicidad y tan largas las depresiones. Y dentro del mismo sufrimiento vuelve a deleitarse con minutos de gloria en aquella ya dañada memoria.

El camino esta lleno de fallos, y los fallos se convierten en besos y ello la lleva a la adicción. Quiere dejarlo pero su mano la retiene fuerte y sus ojos inspiran compasión. Se derrite y vuelve a probarlo, una vez más. 
Es débil, aunque irradia fuerza por doquier. La mente no se controla, de los actos no responde, ve el fin y sabe que hay que salir.

Duele un adiós, pero más aun una lágrima por día.

Estoy hablando de la droga mas peligrosa consumida por todos; el amor.

16 de septiembre de 2011

the moonlight clef




Se fue mi musa, y con ella mi inspiración.
Se fue a medianoche, con la luna llena, con el zapatito de cristal en el escalón.
Joven para siempre en la escala del Do,

Se fue llevándose la belleza, prendiéndola en llamas con corcheas y silencios.
Riéndose se fue, sabiendo que era la única capaz de hacernos soñar con el eterno ayer, que un día fuimos.



Se fue para mi, pero ahí joven quedó, entre la clave de sol y la escala del Do.

12 de febrero de 2011

Let's make this Dream last forever

 Vives en dos mundos, ¿no lo sabías? Imposible, ¿acaso tú nunca duermes? Acaso no cierras los ojos, viajas a otros lugares, vuelas, ries, lloras, corres, crees que puedes hacer de todo… acaso, ¿no sueñas?



Pues háblame de tus sueños.  Háblame de cual fue tu última aventura en el subconsciente, adéntrame en tus peripecias  surrealistas y relátame con todo detalle cómo volaste desde tu terraza como un águila y apareciste en el mar surcando las olas con los delfines. Relátame con emoción cuando volviste a ser un niño y recítame con ternura el dialogo que tuviste con aquella persona que ansias volver a ver y abrazar. Háblame de cuando las angustias se convirtieron en monstruos y te seguían por cada rincón de tu acongojada mente, háblame de ello, sin reparo, tu miedo, tu desesperación, cuéntame cómo huías de aquello  sin avanzar un solo paso, relátame el sentimiento de ese desasosiego que te ahogaba  y te arrastraba de nuevo del subconsciente al mundo de los despiertos.

 Háblame de aquel encuentro que tuviste con él, háblame de ese sentimiento efímero, del lugar dónde florecían caramelos en los arboles y de las flores salían acordes, cómo de la manera más atrozmente rápida te enamoraste de aquella voz difuminada sin conocer su nombre. Háblame de aquella vez cuando os encontrasteis en un camino de gravilla sembrado de farolillos y estrellas de luciérnagas, a pesar de la distancia que os separaba el mundo de la consciencia. Susúrrame, como si de un misterio se tratara, la sensación de aquella aventura, de andenes, países, caminos y vuelos, de la que no te acuerdas, pero de la cual te queda el sentimiento de satisfacción, alegría, bienestar. Explícame como en un viaje te realizaste e hiciste todo aquello que despierto no podrías ni tan siquiera escribirlo por falta de palabras al explicar lo maravilloso que fue. Sí, relátamelo, descríbemelo, pero lo más importante, que no quede nada en el tintero, exprímelo hasta agotar el ultimo recuerdo de aquellas odiseas que realizas en el otro mundo, y hazlo rápido, ya sabes lo avariciosa que es la aduana del despertar, siempre se queda con recuerdos que no permite que te los lleves al mundo de la vida real. Y sobre todo, lo más importante, lo primordial, imprescindible, estate preparado para dar rienda suelta a tus deseos esta noche, pues embarcas rumbo al mundo donde, por unas horas, puedes realizar todas aquellas locuras y disparates, que el mundo consciente no deja hacer.


Que tengas una agradable travesía, nos vemos al regresar para que me hables de tu nueva aventura.

5 de febrero de 2011

Liquor princesses


La vio, demasiado perfecta. Demasiado liberal. Demasiado inalcanzable. ¿Porque le gustaban las cosas imposibles? quizás porque la satisfacción al conseguirlas es mayor. 

Si.

Era el centro de atención, se movía como el viento rozando las hojas de los árboles, era totalmente perfecta en todos los sentidos. Tez blanca, ojos como océanos, cabellera de un color aun indefinido, aun no inventado, tan suyo. Olía a flores de primavera, a hojas de otoño, a nieve de invierno, a frutas de verano, era la musa de las cuatro estaciones. La envidia del reflejo del mar, la nana de la luna, el perfume del viento.
Quise saber su nombre, pero nadie lo conocía. Que velo de neblina misterioso la rodeaba siempre. Tan delicada que cualquier movimiento seria una deshonra para tanta fragilidad.
Soeces e impuras lenguas, de las que brotan tanta hostilidad hacia la musa, pero bien se sabe que la envidia es un mal amigo que a todos nos acompaña. Dicen de ella que fue desflorada en un jardín de rosas cual huracán asola un pueblo. Dicen de ella que cada noche su edredón es diferente. Dicen de ella, pero ¿quién no dice ante tanta fragilidad envuelta entre pétalos de cerezo? dicen, pues que digan, yo no me lo creo.
La luna en el cielo, mostraba su cara más brillante sin mascara alguna, no como los mortales a los que observaba. Cientos de mascaras diferentes, pero yo repare en una, pues, solo esa, era visible para mí, como si las demás se hubiesen borrado por una oscuridad creciente a cada paso, y allí estaba el halo de luz que emanaba la única existencia vital de aquel lugar.
Un paso confiado seguido de dos torpes me condujeron lentamente hacia su mano, tendiéndomela lentamente, la pose sobre mis labios haciendo una reverencia cual siervo a su señor.
Escondidos tras la máscara, iban saliendo tímidamente sus ojos al encuentro de los míos. Una sonrisa recíproca fue la causa de tal efecto.

-Permitidme ser tan osado al deciros que vuestros ojos, son lo más bonito que he tenido el honor de ver jamás.
-Que ironía tan dulce jamás oída acabáis de ofrecerme.
-Mas ironía seria deciros cuán grande es la envidia del mar por no poseer este azul tan hipnotizador.
-Callad, os lo ruego, no sigáis o de lo contrario confundirán mi cara con una rosa roja por tan sutiles elogios.
-Concededme este baile y os aseguro que será mi corazón el que hable en lugar de mi boca.
-Si os lo concedo, ¿me diréis de que suspira vuestro corazón?
-Suspira del ferviente deseo del amor más impuro.
-Bailemos pues, sin más dilación, la luna es joven hasta la medianoche.

Sus manos se tendieron sobre las mías confiadamente, y yo la lleve hasta el salón del baile. No bailaba, sino flotaba cual pluma movida por el zarandeo del dulce viento primaveral. Me retire haciendo una leve reverencia de cortesía agradeciéndola por aceptar bailar conmigo.
Salimos del salón. Pasamos junto al jardín, floreciente de rosas aun en otoño.
Se confió aun más. Su belleza victoriana se iba transformando a la belleza de hoy en día. El baile de mascaras de pronto, perdió su encanto para ella. Aun así, seguía siendo mi musa platónica. Llegamos a los aposentos, y de su dulzura angelical, paso a ser una cervatilla traviesa jugando con el cazador furtivo. Aun así mantenía todo su esplendor y encanto. Su velo de misterio iba haciéndose cada vez más evidente. A la media noche, perdió la pizca del encanto que aun la guardaba. Me desvelo su nombre, corriente como la pierda más simple. Comprendí que las habladurías ciertas eran, desde hacia un buen rato, hoy su edredón era el mio. Comprendi entonces, que detrás de cada palabra, de cada gesto, se escondía una máscara normal y corriente como la chica misma. No había nada de especial en ella salvo sus ojos, que resultaron ser lentillas. 

Estamos en el siglo XXI, las chicas de antes y las de ahora, que se hacen las interesantes, no son más que baratijas disfrazadas de la más pura esencia de Romeo y Juliette. Pero las de ahora no se suicidan por amor, porque para ellas esa palabra ha dejado de tener el significado de la era barroca, y ha pasado a denotarse como locura de una noche y si te he visto no me acuerdo. Ahogan sus penas, no en baños de espuma repletos de pétalos selectos del más caro rosal, sino en vasos de medio litro llenos de potajes incomprensibles de alcohol y coca cola. No sufren sus penas de amor en silencio leyendo libros de Shakespeare, acurrucadas con mantas de seda, sino exponen sus sentimientos hacia él en un blog de la página del tuenti, lleno de faltas y con la jerga propia de los adolescentes.

Estamos en el siglo XXI, ya no hay bailes de mascaras, sino striptease en las discotecas, las chicas no llevan zapatitos de cristal y los chicos no son príncipes azules.